Producto, Mercado y Arte

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Producto, mercado y arte


La idea es escribir algunas reflexiones que me surgen a partir de comentarios que vengo recibiendo y captando últimamente, tanto de mis amigos, como en la calle y asimismo en los medios con respecto a lo que puede ser la experiencia de una persona frente a una pantalla de cine. Lo que vengo escuchando tanto se repite año tras año con esos elefantes blancos que nos trae Hollywood generalmente para la época de vacaciones de invierno, que llenan nuestras salas de “pop corn”, teléfonos celulares y gritos entusiastas, y se ve representado en este caso puntual con Avatar.



Los comentarios que me llegan son del tipo “tenes que ver Avatar”, el cual me parece que esta bien, entendiéndolo como un “no te pierdas esta película que está muy buena”, pero no suena tan bien si lo interpretamos como “si no la ves estas afuera”. Hasta ahí vamos bien, tampoco es cuestión de hilar tan fino, sin embargo los condicionamientos que le siguen son los que me inspiran a escribir estas líneas. Son del tipo “tenes que ver Avatar, pero la tenes que ver en 3-D”, para después, quizás decir “y en una sala con 4500 decibeles de potencia de audio”.


Coincido en que los avances tecnológicos que acompañan a la industria del entretenimiento son un aditivo especial a la hora de disfrutar de un espectáculo, negarlo sería una total insensatez, pero lo que no puedo entender es que se conviertan en el ingrediente número uno en el momento de evaluar una película. Lo que quiero decir es que si la historia es mala, esta mal narrada o aburre, pueden proyectarla en la montaña rusa que de todas maneras me voy a quedar dormido, y que una buena película te puede mantener entretenido, atrapado, intrigado o interesado aunque la estés viendo en la sala de espera del dentista en un TV de 14 pulgadas. No es la calidad de la película, entonces, lo que se pondera muchas veces, sino los recursos técnicos con los que la misma cuenta. Y esto, irremediablemente, viene de la mano del costo.


Pasamos entonces al segundo tema de discusión que se presenta en torno a estas gigantescas películas, y es que leemos todos los días, escuchamos y vemos “la película mas cara de la historia”, frase que increíblemente arrastra multitudes hacia las salas de cine. En este punto es bueno detenerse para diferenciar lo que a mi entender son conceptos muy diferentes, se trata de poner distancia entre la palabra “costo” y “valor”.


El costo de un producto, en este caso una película, se mide siempre en dinero y está relacionado a la cantidad que se necesitó emplear para filmarla, mientras que el valor no se mide en dinero, sino en la satisfacción que la película produce al espectador, lo que aporte al mundo del cine o del entretenimiento y a las vidas de quienes la miran.



El hecho de que el costo de una película sea muy alto, no es un dato que debería interesarnos en absoluto, ya que, en definitiva, cuando hablamos de cine estamos hablando de arte. Acaso cuando una persona va al Louvre pregunta cuánto costó el lienzo en el cual Da Vinci pintó La Gioconda?


Sobrados ejemplos tenemos de películas con altísimos costos y valor casi nulo. Casos como el de Waterworld (175 Millones de dólares), Armaggedon (140) o Godzilla (125) dan cuenta de que muchas veces el dinero no se “invierte” sino que se “gasta” para obtener resultados mediocres y fácilmente olvidables. Si vamos al caso, me quedo con nuestra muy doméstica y argentina Pizza, Birra, Faso, que no debe haber costado ni siquiera lo que gastaron en propinas algunas de las anteriores.



Esa es mi humilde opinión acerca del enfoque que se le está dando al cine en los medios y también en el público. Espero sus comentarios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me inmolaría en todas las salas esas que pasaban Avatar, son el mismo público que tiene a la mierda de titanic en su top 5 de películas.
Es la misma gente que te recomienda scary movie y american pie.

El cine chabacán por ahí muchachos --->


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